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miércoles, 8 de febrero de 2012

El impacto de las perspectivas mundiales más sombrías para América Latina





ublicado en febrero 2, 2012
Por Nicolás Eyzaguirre

Blog Diálogo a Fondo






El FMI ha revisado a la baja considerablemente su pronóstico de crecimiento mundial para el 2012 y ahora prevé una recesión leve en la zona del euro. Naturalmente, un menor crecimiento mundial afectará a la actividad económica en América Latina y el Caribe.
Concretamente, el FMI espera que la economía mundial crezca apenas 3¼% en 2012, ¾ puntos porcentuales menos que lo que pronosticamos en septiembre pasado.
Nuestro pronóstico para la economía estadounidense para 2012, sin embargo, no ha variado, ya que los datos recientes apuntan a una recuperación de la demanda interna más vigorosa —aunque todavía lenta— que compensará el deterioro del contexto mundial. En cambio, el retroceso de la demanda mundial si se espera que afecte los precios de las materias primas, con una caída de alrededor del 5% proyectada para el petróleo y de aproximadamente 14% para las otras materias primas.
Un crecimiento más tenue




En lo que respecta a América Latina y el Caribe, como adelanté en un artículo reciente en este blog, una economía mundial más débil y precios más bajos para las materias primas se traducen en perspectivas menos favorables (véase el cuadro). Hemos reducido nuestros pronósticos de crecimiento para la región en su conjunto alrededor de ½% para este año. En general, la corrección a la baja para América Latina es un poco menor que para la economía mundial, debido a que en gran parte de la región las economías aún disfrutan de un favorable impulso interno y de sistemas financieros estables.
Además, a pesar de la revisión reciente, los precios de las materias primas se mantendrán bastante por encima de su nivel de largo plazo, y el financiamiento externo se espera que siga siendo relativamente barato y de fácil acceso (véase el gráfico). Si bien la mayor incertidumbre global ha aumentado la volatilidad de los flujos de capitales, aún no observamos indicios que el nivel de estos flujos vaya a ser significativamente menor.



Sin embargo, hay un cierto grado de diversidad en las revisiones de nuestros pronósticos dentro de la región.
• En América del Sur, donde hasta hace poco el crecimiento superaba considerablemente el crecimiento tendencial, se espera que las condiciones externas menos favorables moderen a las presiones de sobrecalentamiento que se estaban gestando.
• Las perspectivas para México y América Central en líneas generales son las mismas que en octubre, dado que no hemos modificado nuestras perspectivas para Estados Unidos.
• Entretanto, el crecimiento en la región del Caribe seguirá lento, frenado por los débiles flujos de turismo procedentes de los países avanzados y el alto nivel de deuda pública.
Prepararse para lo peor
Es importante resaltar que las perspectivas para la región arriba descritas dependen de las medidas de política que se tomen en Europa. Allí las autoridades deben intensificar sus esfuerzos para contener la crisis y poner fin al aumento de las primas de riesgo de la deuda soberana y a la restricción del crédito bancario, que representan una amenaza para la economía mundial en 2012. Estos esfuerzos deberían estar respaldados por medidas de política apropiadas en otras regiones de economías avanzadas y emergentes. De lo contrario, como sugiere el escenario a la baja presentado como parte del reciente análisis del FMI sobre las perspectivas mundiales, el crecimiento mundial en 2012 podría ser alrededor de 2 puntos porcentuales más bajo, lo cual provocaría un descenso de los precios de las materias primas y agudizaría las tensiones financieras. Para nuestra región, esto significaría un menor dinamismo de las exportaciones, un deterioro de los términos de intercambio y condiciones de financiamiento más restrictivas.
Para resumir: ¿Cómo deberían responder las autoridades de nuestra región?
• Esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor.
• Seguir reconstruyendo las defensas fiscales, y reforzando la credibilidad fiscal —la crisis de la zona del euro ilustra vívidamente los costos de perderla— y tener planes contingentes para el caso de que los riesgos en el panorama global se concreten.
• Estar preparados para relajar la política monetaria, pero solo en los casos en que la solidez institucional (incluido un tipo de cambio flexible) y el bajo nivel de inflación así lo permitan. Al mismo tiempo, se debe de vigilar atentamente cualquier signo de tensión en los sistemas financieros.

Dos hojas de ruta bien distintas: el FMI y la heterodoxia

Alejandro Rebossio
El País

Madrid, 03 de febrero de 2012


Desde dos visiones muy contrapuestas de la realidad económica hay coincidencias en que el panorama económico mundial puede complicarse y, por tanto, Latinoamérica debe adoptar medidas. La diferencia radica en qué receta seguir. Una es la opinión del director del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Nicolás Eyzaguirre, que ayer escribió en su blog sobre el impacto regional de unas “perspectivas mundiales más sombías”. La otra es la de un joven economista heterodoxo y asesor del Ministerio de Relaciones Exteriores de Ecuador en inversión extranjera directa, Daniel Munevar, que a finales del año pasado escribió en la revista argentina Voces en el Fénix sobre los riesgos que implicaba la actual estructura económica de Latinoamérica ante una crisis internacional que volverá a azotar, según su visión. Eyzaguirre no es tan pesimista como Munevar, prevé un crecimiento latinoamericano del 3,6% en 2012 (medio punto por debajo de lo que calculaba en septiembre pasado), pero recomienda “prepararse para lo peor”, por si sucede. Ambos no son tan optimistas como los mercados financieros, que han tenido un buen enero, con bolsas para arriba y monedas apreciándose otra vez, como el real brasileño.

Eyzaguirre, exministro de Hacienda de Chile en tiempos de la Concertación (2000-2006), da a entender que las medidas de ajuste fiscal en Europa deberían estar contrapesadas por políticas expansivas de otras regiones ricas y de los mercados emergentes, de modo de evitar un crecimiento mundial más reducido que bajaría los precios de las materias primas (principales exportaciones sudamericanas) y agudizaría las tensiones financieras. “Para nuestra región, esto significaría un menor dinamismo de las exportaciones, un deterioro de los términos de intercambio y condiciones de financiamiento más restrictivas”, alerta Eyzaguirre, antes de adentrarse en su receta de “esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor”.
El jefe del FMI para Latinoamérica recomienda “seguir reconstruyendo las defensas fiscales y reforzando la credibilidad fiscal, y tener planes contingentes para el caso de que los riesgos en el panorama global se concreten”. También sugiere “estar preparados para relajar la política monetaria, pero solo en los casos en que la solidez institucional (incluido un tipo de cambio flexible) y el bajo nivel de inflación así lo permitan”. Por último, “se debe de vigilar atentamente cualquier signo de tensión en los sistemas financieros”, advierte Eyzaguirre. Brasil, la principal economía de la región, no está oyendo demasiado al FMI: a finales del año pasado anunció rebajas impositivas y recortes de los tipos de interés a pesar de que la inflación aún no ha sido domada al nivel que esperaban los economistas más ortodoxos. Pregunté por Twitter a los economistas que me siguen qué opinaban sobre los comentarios de Eyzaguirre. En Argentina, el economista Ricardo Delgado, de la consultora Analytica, opina que el FMI ofrece “lo de siempre: credibilidad fiscal, mirar la inflación, instituciones... nada interesante y, peor, todo huele a viejo”. En su país, el Gobierno ha adoptado recortes en subvenciones a diversos sectores, pero acaba de aumentar un 17% las pensiones. Ha evitado una devaluación del peso al permitir que subieran los tipos de interés, pero ahora intenta rebajarlos, mientras recurre a otros métodos para controlar la tasa de cambio: nuevos controles de importaciones y mayores exigencias de capital a los bancos, las que impedirán a las entidades extranjeras el giro de utilidades a sus casas matrices por lo menos en 2012.
La otra receta es la de Munevar, economista de la Universidad de Pinar del Río, Cuba, máster en Asuntos Públicos de la Universidad de Texas y analista del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo en Bruselas. En primer lugar, propone una “regulación al crédito otorgado al sector privado por entidades financieras, con miras a controlar el rápido crecimiento de las deudas de hogares y corporaciones”. Teme que se repita en Latinoamérica lo que él considera el origen de la crisis de los países ricos en 2008: un sobreendeudamiento del sector privado en combinación con una pérdida de la participación de los ingresos de los trabajadores en la economía, con la consiguiente reducción de la posibilidad de que el consumo interno aliente la actividad. En segundo término, sugiere “coordinar la creación de un sistema de control de capitales a nivel regional que permita reducir la entrada" de los de carácter especulativo, “con el objetivo de reducir el impacto negativo de tales flujos sobre el valor de las monedas y el crédito local”. El economista colombiano prevé "este sistema podría venir acompañado de la creación de un impuesto regional a las transacciones financieras, que sirva a su vez para financiar las actividades del Banco del Sur", que es la entidad de fomento que sueña crear la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
En tercer lugar, Munevar recomienda que se acelere la creación del Banco del Sur, pendiente desde 2007, porque serviría para “financiar el fortalecimiento de la capacidad productiva regional, para así reducir la dependencia de las exportaciones de materias primas que sufre actualmente la región”. El economista residente en Bélgica advierte sobre el “serio desacierto en términos de política económica que se ha cometido en varios países de la región, como Colombia, Perú, la Argentina y varios otros, donde la estrategia de desarrollo se fundamenta en la extracción de recursos naturales”. En la revista del Grupo Fénix (el colectivo de economistas heterodoxos de la Universidad de Buenos Aires que encabezaron la llamada a que Argentina abandonara las recetas neoliberales a principios de la década de 2000), Munaver opina que “el fortalecimiento de la integración regional permitiría crear las economías de escala requeridas para el desarrollo de un sector manufacturero en los diferentes países de América Latina”.
Por último, el economista formado en Cuba y EE UU aboga por la formación de “comités de auditoría de la deuda a nivel regional que permitan la supervisión y vigilancia del manejo de los mecanismos de endeudamiento público”. , sino “para controlar en forma preventiva la socialización de las pérdidas del sector financiero asociadas en un escenario de pánico financiero regional e internacional”. Munaver teme que, al igual que ha sucedido en EE UU y Europa, los Estados se terminen endeudando demasiado para salvar a los bancos y las grandes compañías de un colapso.